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Cantada en italiano, con supertítulos en castellano, la vigésima producción de la Ópera de UniNorte, permanece en el Teatro Municipal de Asunción Ignacio A. Pane (Presidente Franco e/ Chile y Alberdi), el jueves 11, el viernes 12, el sábado 13 desde las 20:30 hs, y el domingo 14 desde las 19 hs.
Entradas: Los precios de las entradas son: 15.000 Gs. en Paraíso, 25.000 Gs. en Tertulia, 35.000 Gs. en Platea y 50.000 Gs. en Palco. Pueden ser adquiridas en la Librería UniNorte, Juan de Salazar 551 esq. Boquerón, teléfono 204168, de lunes a viernes, de 8 a 17 hs. y los sábados de 8;30 a 11;30 hs. Más información puede obtenerse visitando el sitio Web www.uninorte.edu.py |
Igual que las dos producciones anteriormente presentadas en 2008 (Tosca de Puccini y Sansón y Dalila de Saint-Säens9 Nabucco de Verdi, es un homenaje a la libertad.
Ópera en cuatro actos
Música: Giuseppe Verdi (1813-1901)
Libreto: Temístocle Solera (1815 ? 1878)
Lugar y época: Jerusalén y Babilonia, año 587 a.C.
Estreno: Teatro La Scala de Milán, 9 de marzo de 1842
Directores y maestros
Ana María Casamayouret, directora de la Ópera
Diego Sánchez Haase, director de la Orquesta
Juan Víctor Bogado, director escénico
María Victoria Real Delor, maestra del Coro
Benito Román, maestro adjunto del Coro
Tessy Vasconsellos, escenógrafa
Marta y Susana Sartorio, vestuaristas
| Personaje |
Intérprete |
Función |
Función |
Función |
Intérprete |
Función |
Función |
| Nabucco |
Nicolás
Román |
11 |
13 |
14 |
Roberto
Étienne |
12 |
|
| Abigail |
Rebecca
Arramendi |
11 |
13 |
14 |
Marisol
Soto |
12 |
|
| Fenena |
Rosanna
Sosa Suárez |
11 |
13 |
14 |
Victoria
Ytororo Coronel |
12 |
|
| Zacarías |
Luis
Ocampos |
11 |
13 |
14 |
Augusto
Matto |
12 |
|
| Ismael |
Ignacio
Zubizarreta |
11 |
|
14 |
Miguel
Coronel |
12 |
13 |
| Gran
Sacerdote |
Justo
Pastor Rodríguez |
11 |
|
14 |
Carlos
Vittone |
12 |
13 |
| Anna |
Bárbara
Pereira |
11 |
|
14 |
Lorena
Gómez |
12 |
13 |
| Abdallo |
Víctor
Torres |
11 |
|
14 |
Osvaldo
Marín |
12 |
13 |
Personajes
Nabucco: Rey de Asiria, barítono
Zacarías: Pontífice hebreo, bajo
Abigail: Hijastra de Nabucodonosor, soprano
Fenena: Hija de Nabuccodonosor, soprano
Ismael: General hebreo, tenor
Anna: Hermana de Zacaría, soprano
Gran Sacerdote: Pontífice del Dios Baal, bajo
Abdallo: Ministro de Nabuccodonosor, tenor
Los intérpretes de los personajes protagónicos, se refieren a sus roles:
Nabucco
Nicolás Román: Nabucco es un personaje fuerte, un rey que se cree todopoderoso, casi un dios, dominador, en comparación con el Sumo Sacerdote de Sansón y Dalila, un personaje secundario de otro estilo. Musicalmente es difícil, melódica, armónica y escénicamente es complicado a su vez. Lo estoy asimilando de a poco con los ensayos que tenemos, porque cada papel es aparte y uno tiene que asumirlo. Cada obra es un desafío nuevo como empezar de cero y asumir el rol de ese personaje medio extraño. A veces uno encuentra coincidencia y tal vez comparando un poco sería el Scarpia de Tosca. Encuentro cierta similitud, pero también hay contrastes, porque Nabucco al principio es soberbio, luego cae en la locura, se recupera y se convierte. Hay tres facetas diferentes.
Roberto Étienne: Estudié bastante el personaje Nabucco, recogí datos del libreto, pero no satisfizo mis interrogantes. Como se sabe este personaje existió. Por ello tuve que consultar en la Biblia, específicamente los capítulos 2, 3, 4 del Libro de Daniel, y en ellos pude encontrar que existen pasajes que hablan de Nabucco. Era un sátrapa. Otro punto resaltante es que en la Biblia no se menciona a sus hijas, o sea que eso pudo haber sido un invento del libretista. Quería adentrarme más en este personaje, porque tiene cambios muy grandes como cuando se vuelve loco, y yo tengo que demostrar esa transición entre el Nabucco conciente y el Nabucco loco. Entonces tengo que estudiarlo bastante bien, y acompañarlo musicalmente, creo que lo estoy logrando. En las prácticas, de tanta concentración, hay veces que salgo de mí. Es muy fuerte lo que pasó este hombre. La Biblia dice que él recibió un castigo del Todopoderoso. En el libreto dice que recibió un rayo fulminante, y se volvió loco.
Abigail
Rebecca Arramendi: a Abigail yo la veo, musicalmente, con una fuerza impresionante que luego la lleva a lo actoral en la escena. Abigail es la que domina toda la escena y la que llega al final de la obra. Verdi se ensaña sin duda con las sopranos y en este caso, sin duda se ensaña con Abigail. Es todo un desafío para mí cantarlo. En Tosca tuve que mostrar fuerza para sacar a relucir el dramatismo de Floria Tosca en lo actoral y en lo vocal. Esta vez tengo que hacerlo con muchísima fuerza y espero llegar al final con voz. Es muy fuerte el personaje, una mujer celosa. Su único amor, Ismael, es arrebatado por su hermana Fenena. Ella cree ser la hija de Nabucco y luego se da cuenta de que es su hijastra, hija de esclavos. Entonces, ella echa toda esa rabia contenida por ese caudal impresionante de voz que tiene que encontrar en una soprano que tengo que ser yo. Normalmente me cuesta atrapar al personaje de entrada. Siempre trato de involucrarme primero con la música y de a poco ir interpretando la música con la letra del compositor y lo que el libretista quiso en su momento y así de poco, voy agarrando el personaje, aunque en el caso de Tosca desde el comienzo capté el espíritu de Puccini. Abigail es un personaje muy complicado, muy profundo, lleno de rencor, rabia e ira, cegado de poder. El tercer acto, donde ella se desprende de todo tipo de pudor, tiene unas cadencias en con notas como un RE sobreagudo y un LA de mezzosoprano debajo del pentagrama.
Marisol Soto: Aunque no soy amante de cantar a Verdi, me encontré con un Verdi diferente. Debe de ser porque Verdi escribió Nabucco a los 28 años, y es nuevo para mí. Esta obra tiene mucha fuerza, tiene unos recitativos intensos. El personaje de Abigail tiene muchísimo de lo que no tienen los otros de Verdi. Estoy encantada con la ópera. La verdad es que me gustan los personajes fuertes, aunque con Butterfly me sentí plena. Pero definitivamente me identifico con estos personajes de tipo pucciniano, que tienen carácter, y eso no le quita mérito a los tiernos.
Fenena
Rosana Sosa Suárez: Fenena es un personaje difícil por esa simpleza que tiene, que también es difícil de transmitir. Es un personaje rico y la ópera en sí es distinta a las que hemos venido representando. Es una ópera con mucho movimiento y mucha participación del coro, donde unos son protagonistas igual que nosotros y eso crea una fuerza importante en la presentación, es una ópera muy linda.
Victoria Ytororo Coronel: Fenena es un papel sencillo, pero para mí es difícil, porque ser siempre sufrida, víctima es más difícil que actuar de mala. Pero es desafiante, porque siempre tengo que estar manteniendo una postura de sufrida, de víctima pero en un momento se revela y demuestra valentía, porque se sacrifica por el pueblo hebreo que ella aprendió a amar. Fenena es muy diferente a Dalila de la ópera Sansón y Dalila. Con ese personaje tuve que ser maléfica, fría y calculadora. Ahora tengo que hacer de buena. Cuesta hacer este personaje y me gustan los desafíos.
Argumento
Basada en el Antiguo Testamento, la obra narra la historia de los hebreos cautivos en Babilonia. Fenena, hija de Nabucco, reemplaza a éste durante su ausencia. Abigaille, enterada de que no es hija de Nabucco como creía, planea matar a Fenena, quien se ha convertido a la fe hebrea, y se apodera del trono. Aparece Nabucco y retoma la corona, proclamándose a sí mismo divino. Pero es inmediatamente derrocado y se vuelve loco. Abigaille ahora tiene el poder y planea matar a los prisioneros. A orillas del Eufrates los prisioneros cantan la pérdida de su madre patria. Nabucco, que ha recobrado la cordura, ve desde la prisión como Fenena está por ser ejecutada y ora a Jehová. Liberado por Abdallo, capitán de la guarida, Nabucco y sus hombres derrocan a los falsos ídolos, y rescatan del patíbulo a Fenena. Todos se juntan en agradecimiento y oración, pero aparece Abigaille, quien sorprende con una fatal decisión.
Acerca de la obra
El compositor alemán Otto Nikolai (autor de Las alegres comadres de Windsor) había cosechado prometedores éxitos en la Scala de Milán. Entre los libretos que se le habían ofrecido para ulteriores composiciones, se encontraba también el proyecto del libretista Solera para Nabucco. Pero Nikolai no se interesó. Merelli, el empresario de la Scala, un nombre que casi merece el título honorífico de profeta de Verdi, insistió al joven compositor italiano para que pusiera música a aquel argumento. Mostró con ello una confianza fuera de lo común, pues Verdi había triunfado con Oberto pero también había fracasado totalmente con Un giorno di regno. Además, al compositor le había afectado profundamente la muerte de su joven esposa y sus dos hijos. De manera que atravesaba por una profunda crisis anímica. Merelli impuso formalmente el libreto al compositor. Cuando éste lo arrojó sobre la mesa al regresar a su casa, se abrió solo y Verdi leyó la frase ¡Va pensiero sull'ali dórate...!. En el mismo instante se le ocurrió la melodía para estos bellos versos. Y escribió la ópera en un arrebato creativo sin pausa.
El 9 de marzo de 1842 se estrenó triunfalmente en la Scala de Milán. La melodía del coro, que surgió en primer lugar, se convirtió en la canción de súplica y combate de todos los patriotas italianos que se identificaban con el pueblo hebreo en su hora más difícil y se esforzaban por liberarse de la dominación extranjera. La misma melodía se convertiría en un himno nacional, que todo niño italiano hasta el día de hoy sabe de memoria.
Desde los primeros compases de la obra, los melómanos más expertos habían presentido algo inhabitual. Los contrastes de colores, las oposiciones de matices y una pulsación rítmica desconocida, daban un gran atractivo a la obra. La continuación no hizo sino confirmar a los espectadores en esa opinión, al mismo tiempo que ganaba la adhesión y luego el entusiasmo de toda la sala. En cada entreacto, las conversaciones aportaban precisiones: Nabucodonosor, según algunos, había sido confiado al joven desconocido porque el famoso Nicolaï, llamado a importantes funciones en Berlín, rechazó el libreto de Temistocle Solera. Según otros, Josefina Strepponi había insistido en cantar el papel de Abigaille. Los mejor informados daban a entender que la obra era superior a lo que ya se había escuchado. Los más vehementes aseguraban que aquella noche haría época en la historia de la Scala y la ópera, no faltando quienes llegaran a predecir el descubrimiento de un genio.
Nabucodonosor, representada cincuenta y siete veces en cuatro años, lo que constituía un record sin precedentes en los anales milaneses, se convirtió rápidamente en Nabucco, como si por ese sobrenombre familiar, cada cual la integrara a los suyos. Verdi reconoció que su ópera había nacido con buena estrella, pues todo lo que había ido en su contra, se volvió a su favor. El gran éxito de Milán repercutió rápidamente en los centros más importantes de Europa: Viena, Lisboa, Barcelona, París, Madrid, Londres, Nueva York, Suiza y Alemania. Hoy en día, la obra considerada por los especialistas una de las más importantes creaciones del compositor de Busetto, de obligado repertorio en todo el mundo, es Nabuco.
El libretista
Temistocle Solera (Ferrara, 25 de diciembre de 1815 - Milán, 21 de abril de 1878), escribió los libretos de algunas de las primeras óperas de Giuseppe Verdi, quien lo llamó para que colaborara en Oberto, Nabucco, I lombardi, Giovanna d'Arco, Attila. Su arte dramático respondía a la ópera que dominaba en la época. En Nabucco particularmente, hay una serie de escenas que revelan un genio dramático poco común.
El compositor
Giuseppe Fortunino Francesco Verdi es uno de los gigantes de la ópera italiana y el arte universal, hijo de campesinos analfabetos, nacido a las ocho de la tarde del 10 de octubre en Le Roncole, ducado de Parma, entonces bajo el dominio de Napoleón.
Estudió música en Busseto, siempre dentro de la Emilia-Romaña, región administrativa del norte de Italia, bajo la protección del matrimonio Barezzi, con cuya hija Margherita se casó. En 1832 fue rechazado por el Conservatorio de Milán por carecer de talento musical. Su primera ópera, Oberto, Conte di San Bonifacio (1839), fue recibida con frialdad, y su segundo estreno, la comedia Il finto Stanislao (1840) sufrió un fracaso tan estrepitoso que las funciones posteriores tuvieron que ser canceladas. Para colmo, murieron su esposa y sus dos hijos, Virginia e Icilio. Verdi pensó en dejar la música.
De pronto, ocurrió el milagro. Su tercera ópera, Nabucco (1842), escrita en menos de tres meses, triunfó en La Scala, y lo convirtió en una celebridad instantánea. Eso se debió no sólo a la bella y ya consagrada soprano Giuseppina Strepponi, quien encarnó el papel de Abigaille, y de la que se enamoró, sino al acierto de enlazar su obra a profundas circunstancias políticas que latían en el alma popular: los judíos cautivos en Babilonia, de Nabucco, fueron inmediatamente interpretados por los italianos como símbolo de sus sentimientos contra el gobierno austriaco que tiranizaba los ducados de Parma, Toscana y Módena. Los coros de Nabucco e I Lombardi (1843) empezaron a ser cantados en las calles por las masas sedientas de libertad.
En 1844 estrenó su primera ópera basada en una obra de Victor Hugo, Ernani, el gran manifiesto romántico, con inmenso éxito. Le siguieron varias otras óperas, todas con la misma suerte, entre ellas Macbeth (1847), la primera de las tres inspiradas en la obra de Shakespeare. El niño pobre se convirtió en millonario, adquirió el Palacio Dordoni, en Bussetto, mientras su relación con Giuseppina se afianzaba y el movimiento unificador del Risorgimento adquiría fuerza, y tras la muerte de Bellini y Donizetti y el retiro de Rossini, quedó como el astro máximo de la ópera italiana.
Floreció entonces la inmortal trilogía de Rigoletto (1851), Il Trovatore (1853) y La Traviata (1854). Hartos de la envidia y los prejuicios pueblerinos de Busetto, Verdi y Giuseppina se mudaron a París, y finalmente se casaron el 29 de agosto de 1859 en Collonges-sous-Salève, cerca de Ginebra.
Verdi fue elegido diputado, financió la adquisición de armas y municiones para las tropas del revolucionario Giuseppe Garibaldi, y las calles se inundaron del grito ¡Viva Verdi!, expresando el anhelo popular de unificar Italia bajo Vittorio Emanuele II Rè d´Italia. Los estrenos de Un Ballo in Maschera en Roma (1859), La Forza del Destino en San Petersburgo (1862) y Don Carlo en París (1867) fueron aclamados calurosamente. Para su profundo orgullo como viejo militante liberal, Verdi presenció la proclamación de Roma como capital de Italia en 1871. A fines de ese año se estrenó Aida en El Cairo.
Sus últimos años los dedicó a construir hospitales y brindar toda clase de ayudas para gente necesitada, entre ellas, una Casa de Reposo en Milán para músicos ancianos, y a componer sus tres grandes obras postreras, la Misa de Requiem (1874), y las óperas Otello (1887), y Falstaff (1893). En 1887 fue nombrado Ciudadano Honorario de Milán (la ciudad cuyo conservatorio había opinado que carecía de talento), y en 1894 fue ingresado a la Legión de Honor de Francia en el máximo grado.
Su gran compañera Giuseppina murió en 1897. Verdi sufrió un derrame cerebral en la calle del Grand Hotel de Milán y murió pocos días después, a las 3 de la mañana del 21 de enero de 1901.
Fue enterrado de manera muy sencilla en el cementerio de Milán, según su deseo, sin música ni cánticos. Sin embargo, un mes después, los restos del gran creador y de la soprano fueron trasladados para su descanso definitivo a la Casa de Reposo, acompañados de miembros de la Casa Real de Italia, parlamentarios, diplomáticos, compositores como Puccini, Mascagni, Leoncavallo y Giordano, y una multitud de cien mil personas, que se unieron a las voces del coro de La Scala, dirigido por Arturo Toscanini, para entonar el indomable himno "Va, pensiero de Nabucco".
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